PLAN DIOCESANO VITA 2025-26
ASAMBLEA DE LLAMADOS 
PARA LA MISIÓN

Emprendemos un nuevo curso pastoral acogiendo en nuestra Archidiócesis el Plan Diocesano VITA que nos propone líneas, acciones y reflexiones que pretenden ayudarnos en la tarea de poner nuestra iglesia diocesana en estado de misión. Las líneas estratégicas que VITA nos plantea, fruto de un primer momento de escucha a la luz de la fase diocesana del Sínodo, se han visto enriquecidas con las aportaciones de todos y con el trabajo de la Vicaría de Pastoral. 

A continuación compartimos con vosotros las palabras de D. Carlos, nuestro arzobispo, en la Jornada de Inicio del Curso Diocesano 2025-26:

 

"Hoy nos reunimos para comenzar juntos el curso pastoral.

Lo hacemos agradecidos por el camino recorrido y pidiendo luz para saber qué pasos dar en adelante.

El Plan Pastoral Vita supone un reto para todos. 

En el equipo de la Vicaría de Pastoral necesitamos ir adaptando la propuesta a las realidades concretas de la Archidiócesis, que son muy variadas.

Al mismo tiempo, cada comunidad está llamada a la acogida creativa del Plan Pastoral para profundizar en la experiencia de la comunión.

Creo que, como Iglesia Diocesana, todos vivimos el ejercicio de la comunión como un reto pero también como una esperanza gozosa.

 

El lema que nos acompaña es el mismo que nos iluminó el año pasado: “Asamblea de llamados para la misión”.

Ser Asamblea es caminar juntos, aportando desde la diversidad y acogiendo la fragilidad. Cada bautizado, cada comunidad suma para que la corriente del evangelio de vida a nuestra Diócesis, como el río Ebro da vida a todo al pasar por nuestra tierra. 

Reconocernos llamados supone renovar nuestra propia vocación bautismal y, dentro de ella, la vocación específica a la que cada uno ha sido llamado para enriquecer la Iglesia.

Todas las vocaciones son sagradas, todas son una llamada a profundizar en una misma dignidad: la dignidad bautismal.

Y tanto don derramado en la comunidad tiene sentido y cobra vida en la misión.

Todos somos portadores de la buena noticia y nuestros estilos de vida, nuestras palabras, nuestra presencia pública y nuestra vida espiritual quieren estar orientadas en la misma dirección: anunciar a todas las personas la buena noticia de Jesucristo.

Por eso hablamos de vocación y misión como dos realidades inseparables: una Iglesia misionera es una Iglesia vocacional, y una Iglesia vocacional es necesariamente misionera.

 

VISION : Los sueños de DIOS para nuestra Diócesis.

Este año nos gustaría proponer una visión sobre nuestra comunidad diocesana que podamos compartir y que sea como una brújula que oriente nuestros pasos.

Queremos ser una Iglesia presente que renueva

cercana a los alejados que acoge, 

y enviada a los ausentes que anuncia, 

para que todos tengan vida en abundancia

Esta visión no es un lema, no es marketing.

Como pastor, creo firmemente que este es el SUEÑO DE DIOS PARA NUESTRA DIÓCESIS

 

Es un verdadero PROYECTO DIOCESANO que nos compromete en tres direcciones:

  • Con los presentes, para renovar la vida de nuestras comunidades, de modo que sean más vivas, acogedoras y evangelizadoras. 
  • Con los alejados, para integrar a quienes alguna vez se sintieron parte de la Iglesia pero hoy viven su fe en la distancia.
  • Con los ausentes, para anunciar a quienes aún no conocen a Cristo la alegría del Evangelio.

El plan VITA quiere será una propuesta que nos ayude a alcanzar esta visión. 

Alguno puede pensar que es un plan elitista, destinado a unos pocos.

Pero la intención de Vita es ser un marco común que ayude a todos: parroquias, movimientos, asociaciones, colegios, delegaciones, vida consagrada y laicos comprometidos. 

Tengo la certeza de que es posible hacer valer más lo que nos une que aquello que nos separa. 

Tengo la certeza de que la Iglesia de Zaragoza puede ofrecer a nuestra sociedad un ejemplo, una cultura alternativa de comunión en la diversidad.

Tengo la certeza de que podemos seguir creciendo en comunidades vivas, corresponsables, en permanente conversión pastoral. 

Comunidades que no se conformen con mantener estructuras, sino que se conviertan en verdaderos espacios de encuentro con Cristo y de servicio al mundo.

 

Comunidades que se sirvan unas a otras con un propósito:

Ser una Iglesia presente que renueva, cercana a los alejados que acoge, y enviada a los ausentes que anuncia, para que todos tengan vida en abundancia.

 

EL SÍNODO: DE LA ESCUCHA A LA IMPLEMENTACIÓN

En este camino estamos agradecidos por el Sínodo, que no es un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino un proceso que se nos presenta como herramienta para construir comunión. 

Hemos recorrido juntos la fase de escucha y de discernimiento; ahora es momento de implementar, de concretar lo que significa ser Iglesia sinodal. 

 

Esto implica 

  • renovar estructuras, 
  • revitalizar los Consejos Pastorales, 
  • dar espacio al discernimiento comunitario, 
  • promover la corresponsabilidad del laicado, 
  • abrir cauces de participación para mujeres y hombres en los ámbitos de decisión eclesial, 
  • y sobre todo, cultivar una espiritualidad sinodal, basada en la escucha, la oración y la comunión.

La sinodalidad nos desafía a dejar atrás el individualismo, la comodidad, el clericalismo o el simple “siempre se ha hecho así”, para atrevernos a ser una Iglesia que arriesga, que sale a la calle, que toca las heridas de nuestra gente y lleva a todos el consuelo de Cristo.

 

Queridos hermanos, este año os invito a:

  • Reavivar la conciencia misionera que nace de nuestro Bautismo.
  • Impulsar el primer anuncio, con alegría y sencillez, a quienes están alejados o no conocen a Cristo.
  • Promover una cultura vocacional, ayudando a cada persona a descubrir su lugar en la Iglesia y en el mundo.
  • Animar la presencia pública de los laicos, testigos del Evangelio en la vida social, cultural, política y económica.
  • Vincular caridad, arte, patrimonio y ecología integral con nuestra evangelización, mostrando que el amor de Cristo abarca toda la vida.

Cada parroquia, cada comunidad, cada movimiento, cada grupo está llamado a ser protagonista de este proceso

No podemos esperar que otros lo hagan; el Señor nos llama hoy a todos y cada uno.

El Espíritu Santo nos guía, y María, la Virgen del Pilar, camina con nosotros.

 

Que este año, el quinto del Plan VITA, sea un tiempo de renovación misionera, de discernimiento comunitario y de alegría en la fe. Caminemos juntos, como asamblea de llamados, al servicio de la misión que Cristo nos confía.

Queridos hermanos y hermanas: La misión que tenemos por delante es apasionante.

Con mi afecto y bendición, os deseo un feliz curso pastoral 2025-2026."

 

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